sábado, 4 de enero de 2014

Si quieres, hacemos de la Navidad nuestra propia primavera

Era una noche tan fría como ayer,
tú saliste en falda y no paraste de beber;
la niebla enfriaba tus manos, mi boca calentaba la tuya.
No me mires así, no me mires o te beso,
te beso porque me gusta lo que miro.
Para el tren, que me bajo antes de subir;
estas cosas nunca fueron para mí.

Yo había bebido tanto, y pasaba hasta de hablar
tú no querías recordar;
el día después nunca fue para aprender.
Y pasaron los días como domingos de sofá.
Un te quiero, un no te quiero,
un no te quiero querer.
No te veo y me acuerdo,
estoy contigo y me olvido,
solo pienso cómo acaba siempre todo,
hay tanto que olvidar y tan poco por borrar.
Te miro, puedo con eso… y con menos.

No me ayudes a soñar,
lástima de calendario que te hizo pensar.
No hay punto final sin la mayúscula inicial
y está por escribir el párrafo que quieras vivir.
No te culpo por querer vivir tu vida
un favor me hiciste dándomela a mí otra vez.

Dale la vuelta al amor y llévame por tu camino.
No hay vuelta atrás cuando cedes a pensar;
la última palabra la dicta el corazón.
No todos los camino llegan a Roma,
hay calles frías, oscuras como aquella noche.
Deja de pensar, olvídate, abrázame y bésame–
susurraste con tus labios en mi cuello frío.
Quién me iba a decir que te escucharía.

Me das la mano y te ríes,
nos miran y pensamos
<<Somos tan iguales
que no nos parecemos en nada>>.
Tú contigo y yo sin ti,
ya te miro en tercera persona.

Hoy hace frío, no sé si salir,
–no te vas a quedar en casa…–
Si quieres hacemos de la Navidad
nuestra propia primavera.