jueves, 3 de noviembre de 2011

El tic-tac del reloj

Días raros, cosas por hacer,
Lunes escaso, Jueves pasado.
Entre luces y sombras,
otra semana que pasó sin más.
A la cima de una torre subí,
para mirar sin querer ver
lo que ya la vida se encargó de contarme,
un gigante sin alas me creí,
en una carretera oscura caminé para verme,
pero un reloj con su tic-tac me despertó
de aquella absurda realidad.

A veces un viaje te enseña lo que olvidas,
y olvidas lo que nunca aprendiste,
una noche a las tres de la tarde,
nadie me dijo que el mundo giraba,
que el amor es un popurrí de sentimientos,
ni que uno mas uno siempre suman dos
por mucho que nos cuenten las canciones,
y entre gin-tonic y gin-tonic,
dejé de enredar la rienda del futuro,
desconcierto y palabras vacías
en un discurso que no quise leer.

No caeré en la trampa de escombros,
ni cementerios de sonrisas,
el fin es un final que no entiende
de días, meses… sólo es tiempo,
que es el tópico mas cierto.
Ni te cuento, ni te dejo de contar.

Me inventé como sería el muro de tu Facebook
al día siguiente,
desarmé la cerradura del cajón de todas mis ex,
el huracán arrasó la nostalgia,
descubrí que un folio en blanco es un Klinex,
que el silencio no es la soledad,
y tanto por tanto fue tanto al cuadrado.
tanto que me alejé…
en ese espejo no caben dos.
Saldré corriendo un día detrás de mi sombra,
me haré gigante, y esta vez con alas,
el orgullo es un frasco pequeño
de veneno y fragancia que hay que saber tirar.

Ponme otro con más hielo,
y un sonido que iba y venía me asustó,
no se bien que era.
Mi iPhone marcaba las tres,
a la hora del café. A mi lado…
una pareja se decía te quiero,
mientras ella paraba la alarma de su reloj
para que no pasaran las horas.